sábado, 20 de junio de 2015

El idilio del público con Daniel Bryan

Daniel Bryan es, sin duda, el luchador más popular de los últimos tiempos. La reacción del público en el episodio de RAW donde renunció al título Intercontinental debido una lesión, repitiendo la historia del año anterior con el título máximo, es prueba más de ello. Su fama ha trascendido del mundo del deporte espectáculo hasta llegar a establecerse como todo un fenómeno de la cultura popular. ¿Cuáles son las causas de este cariño del público hacia Bryan?

Bryan Danielson estudió en la escuela del afamado Shawn Michaels, en la que se destacó por su técnica depurada. Tuvo su oportunidad en el territorio de desarrollo de WWE, donde compartió vestidor con John Cena, luchador con muchas menos cualidades luchísticas que él, pero que de inmediato contó con el favor de la compañía, que lo promocionó como gran estrella, mientras que Danielson fue apartado. No se rindió, sin embargo, y continuó su carrera en la escena independiente, luchando en gimnasios y locales pequeños, ambientes que retrata magistralmente la película “The Wrestler”, protagonizada por Mickey Rourke.
 Nuestro héroe pronto destacó  con el apodo de “The American Dragon” y usando The Final Countdown, de Europe como tema de entrada, ganando popularidad hasta ser considerado por los aficionados como el mejor luchador del mundo, cosa que expresaban gritando “Best in the world!” cuando Bryan llegaba a los eventos. Esto provocó una curiosa polémica con Triple H, que sostenía que el mejor luchador del mundo no podía ser uno que luchaba ante decenas o cientos de aficionados, sino el que lo hacía ante miles, despreciando así a los seguidores de Danielson.

Finalmente, Bryan Danielson consiguió otra oportunidad en WWE, esta vez en el entonces programa NXT. Ahí fue cuando le cambiaron el nombre artístico a Daniel Bryan, parecido al suyo para mantener a sus fans de la escena independiente, pero diferente para que los derechos del nombre fueran de la empresa.

Tuvo que aguantar humillaciones, como tener a un “mentor” (The Miz) procedente de un “reality” de MTV, con menos experiencia sobre los cuadriláteros que él; un despido disciplinario tras el famoso incidente de la corbata, seguido de una recontratación. Obtuvo el Campeonato Mundial de Peso Completo, pero lo perdió en su primera participación en WrestleMania, en menos de 10 segundos, frente a Sheamus (compañero de gimnasio de Triple H) y cosas por el estilo. Pero los excelentes combates que daba, ganando o perdiendo, siempre eran grandiosos, lo que le hizo ganarse el corazón de los aficionados, especialmente de los más adultos y comprometidos, pero poco a poco, también de los niños y los espectadores eventuales.
Así llegamos a SummerSlam 2013, el evento de WWE más importante del verano. El Campeón, el todopoderoso superestrella John Cena, excompañero de Bryan en el territorio de desarrollo, el hombre que más camisetas vende, el superhéroe de los niños, selecciona rival para el combate estelar y elige a nuestro protagonista.

Bryan era el luchador al que los aficionados querían ver en la cima, y aunque a los directivos no les hacía mucha gracia, transigen por darles algo a los aficionados y pasar a otra cosa. Daniel Bryan venció a Cena en un excelente combate, pero fueatacado por Triple H, que hizo de árbitro especial y le quitan el título.
 A partir de ahí, The Authority representada por Triple H y su mujer, la hija del dueño de la empresa, deciden que Daniel Bryan no puede ser la cara de la compañía. No es alto, ni guapo, ni tiene músculos espectaculares, además viene de la escena independiente. No es un actor ni un showman, es, simplemente, el mejor luchador del mundo. Todos los aficionados sospechan que lo que dice The Authority en los promos es lo que en el fondo piensan los “hombres con corbata”, que mantienen a Bryan a la mitad del cartel, cuando los aficionados quieren verlo de campeón, en los combates estelares.

La historia sigue su curso. Daniel Bryan es traicionado por su antiguo profesor Shawn Michaels, amigo de Tripe H, en beneficio de Randy Orton, y le dice adiós (¿definitivamente?) al título. Pero el público no se conforma y sigue gritando “YES, YES, YES!”, el grito de guerra de Bryan.

En esas estamos cuando llega Royal Rumble, el evento previo a WrestleMania, cuyo combate estelar, una batalla campal, permite retar al campeón en el gran evento anual de ese 2014, que además es el 30 aniversario. El combate lo ganó Batista en su regreso, después de protagonizar la película Guardianes de la Galaxia y a Daniel Bryan ni siquiera le permiten participar.

Normalmente, los aficionados deberían deshacerse en aplausos y vítores hacia Batista, luchador muy conocido por el gran público y que aparece en películas de Hollywood, pero contra todo pronóstico, lo abuchean y sólo gritan: “Yes, yes, yes!”, reclamando como vencedor a Bryan. No sólo para los aficionados a la lucha libre, Daniel Bryan se convierte en un fenómeno cultural, y el “Yes, yes yes!” se convierte en el grito de moda, también en los estadios de otros deportes, y la información trasciende de los medios especializados a los medios generalistas, que comienzan a referirse al fenómeno.

Sin haberlo pretendido, Daniel Bryan se ha convertido en la mayor estrella de la compañía, en el mayor fenómeno cultural de la lucha libre desde Steve Austin. Pero los directivos no están contentos, no es lo que ellos planearon. Ellos ven a Bryan, tal y como afirma The Authority en sus intervenciones, como un luchador mediocre, no como una gran estrella, y les molesta tener que adaptarse a lo que reclaman los aficionados. “Ellos aplaudirán a quienes yo les diga que aplaudan”, parecen querer decir, ofendidos, ante la rebelión de un público que ellos pensaban que podían manejar.
Finalmente la presión popular obliga a rectificar los planes y Daniel Bryan es programado en Wrestlemania contra su némesis Triple H, con la estipulación de que si gana el combate se clasificará para el evento estelar en un triangular con el campeón Randy Orton y el ganador del Royal Rumble match Batista, ambos “protegidos” de la autoridad. Daniel Bryan gana los dos combates de manera espectacular y consigue el título para delirio de los fans.
Su sueño se ha cumplido. Los gritos de los aficionados han forzado a los mandamases a cambiar los planes, haciéndolos tragarse su orgullo, y el luchador no suficientemente alto, guapo, musculoso ni glamuroso para los directivos, el ícono de la lucha independiente, ha sido el gran triunfador del 30 aniversario de la Wrestlemania. En el siguiente programa, Daniel Bryan agradece su apoyo a los fans que le gritan “¡Te lo mereces!” con una sola garganta. La historia, aparentemente, termina con un final feliz.

Pero sólo aparentemente, porque la historia, como todos sabemos, no termina ahí. Daniel Bryan gana el título de manera espectacular, se casa con Brie Bella, una luchadora con cuerpo de modelo, el sueño de cualquier hombre, y parece que la vida le sonríe, pero unos días después volver de la luna de miel, su padre fallece.
 El éxito y la desgracia, la vida y la muerte, como dos caras inseparables de la misma moneda. Por si esto fuera poco, unas semanas más tarde, Bryan sufre una grave lesión en el cuello que le deja en el dique seco durante nueve meses, y se ve obligado a abandonar el título sin haberlo perdido ante ningún rival.

Pasados esos nueve meses, Daniel Bryan regresa para el Royal Rumble 2015, siendo eliminado a mitad de combate, momento desde el cual el público comenzó a abuchear. La victoria corresponde a Roman Reigns, luchador hasta entonces muy popular, pero aun así es abucheado. Aún más, en el desenlace del combate participa una de las vacas sagradas del mundo de la lucha, nada menos que el legendario The Rock, uno de los luchadores más populares de la historia, también actor de Hollywood, toda una celebridad, además de ser el primo de Roman Reigns. Pues bien, hasta el famosísimo The Rock fue abucheado por el público en beneficio de Daniel Bryan.
 Todos sabemos lo que pasó luego: Bryan ganó el título Intercontinental en un combate de escaleras en WrestleMania y se vio obligado a renunciar a él semanas más tarde por otra lesión.

El hombre común y corriente contra la gran empresa, el luchador de técnica impecable contra los actores de Hollywood. La voluntad de los aficionados, habitualmente manipulada, pero expresada aquí como una revolución contra los designios de quienes dicen saber qué es “lo mejor para el negocio”, empeñados en unos planes que los aficionados repudian, aferrados a imponer unas estrellas de laboratorio, discriminando a quien la gente ya ha elegido como estrella.

Articulo tomado del Superluchas El idilio del público con Daniel Bryan
Imagenes: Google Imagen.

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