lunes, 25 de julio de 2011

MUSÉE DES BEAUX ARTS de W.J. Auden

Nunca se equivocaron sobre el dolor
los Maestros Antiguos: qué bien compredieron
su lugar entre los hombres: cómo surge
mientras otra personas está comiendo, o abriendo una
ventana, o simplemente paseando sin ganas;
cómo, cuando los ancianos esperan con pasión y
reverecia
el nacimiento milagroso, siempre tiene que haber
niños que eno arden en deseos de que suceda, patinando
een un estanque junto al bosque.
Jamás olvidaron
que incluso el terrible martirio debe seguir su curso
de todos modos, en un rincón, en algún sitio
desordenado
donde los perros siguen viviendo sus vidas de perro
y el caballo del torturador
se rasca su trasero inocente contra un árbol.

El Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo todo sucede
en calma, impasible ante el desatre; el labrador tal vez
haya oído el chapuzón, el grito desolado;
pero para él no es una desgracia importante: el sol
brilla,
como debe ser, iluminado las piernas blancas que se
hunden
en el agua verdosa. Y el barco lujoso y delicado, que
debe haber visto
algo tan asombroso como un muchacho cayendo del
cielo,
tiene un rumbo que seguir y continúa navegando
tranquilamente.

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