sábado, 23 de julio de 2011

ESTA ISLA de W.J. Auden

Mira, extranjero, esta isla que ahora
la luz saltarina te desvela por tu deleite,
asiéntate aquí
y vive en paz,
que por los canales de tu oído
pueda escurrirse como un río
el ruido oscilante del mar.

Deténte aquí, al final del prado diminuto
donde la pared calcárea se hunde en la espuma y
sus acantilados
resisten el fragor
y el embate de la marea,
y el guijarro resurge tras el lametón
del oleaje,
y la gaviota se hospeda
un momento en su flanco vertical.

Allá a lo lejos como semillas flotantes los barcos
separan sus rumbos urgentes y voluntarios,
y esta visión completa
quizá puede penetrar
y viajar en el recuerdo igual que las nubes,
que ahora dejan atrás el espejo del puerto
y durante todo el verano pasean por el mar.

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